La Igualdad de Género sin Contrarios

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Me parece maravilloso todos los movimientos pro-mujer que han florecido esta semana en Madrid. Es un tema que a nivel personal apoyo profundamente.

También me sentí orgulloso al aprender esta semana acerca de mi tatarabuela, Concepción Arenal. Fue la primera mujer en asistir a la universidad en España (vestida de hombre), revolucionó el sistema penitenciario para que éste se humanizase, fue la precursora de la abolición de la esclavitud en España, y muchas cosas más.

Los hombres han hecho mucho daño a las mujeres durante siglos. Y no quiero que esto siga ocurriendo.

Pero a la vez, al ver las manifestaciones, las reuniones que han tenido lugar, las conferencias, etc. no dejo de percibir una energía de lucha (y en ciertas subsecciones del feminismo, de rabia y venganza) esta semana que me hace sentir dolor. Desde el punto de vista de la historia de “labrar el camino hacia la igualdad” esta lucha tiene sentido. Pero desde el punto de vista de lo que está ocurriendo en el instante presente (lo que realmente ocurre más allá de las historias que nos contamos), esta lucha puede generar sufrimiento. El sufrimiento que emana de creerse el pensamiento de que algo en este momento es intolerable y que hasta que ese algo no sea corregido, no vamos a poder ser felices.

Muchos hombres llevaron a millones de mujeres a sufrir. Y ahora, las mujeres mismas, en su lucha, corren el peligro de generar un conflicto interno que les impida sentirse plenas y felices con su situación presente.  Por tanto, aquellas mujeres que vivan este proceso feminista como un camino al que llegar, como una batalla en cuyo resultado depositan una parte de su felicidad, se condenan a la carencia presente hasta que ese momento llegue.

¿Y cuando llegará? Cuando haya igualdad de derechos ente hombres y mujeres surgirá la siguiente injusticia que paliar. El siguiente problema a solucionar. El siguiente objetivo. Y así nos podemos pasar la vida entera, siempre esperando que llegue el momento de verdaderamente sentirnos felices y estar en casa.

Quizás esto suene un poco místico, pero no veo diferencia en la esencia de los hombres y de las mujeres. Somos lo mismo, somos una sola cosa jugando un juego de espejos que da lugar a la ilusión de la diferencia y la multiplicidad. Somos Uno. Y cuando miro el mundo con esta mirada (que no está en los ojos pero sí muy clara en el corazón), lo que siento es un amor desbordante e incondicional por todo.  Como una luz que irradia hacia fuera sin ser capaz de hacer distinción entre los objetos que alumbra. Siento amor por las mujeres, amor por los hombres,  amor por la causa feminista y amor por los hombres que hirieron a las mujeres en el pasado.

Desde esta mirada no hay lucha, sino una plenitud absoluta. Desde aquí uno puede abogar por el cambio de todo tipo. Y hacerlo con enorme entusiasmo y efectividad. Pero ya no afecta nuestra felicidad. La felicidad está dentro y no puede ser arrebatada. Es ese sol resplandeciente en el corazón.

Y esta perspectiva está al alcance de todos quienes quieran ver más allá de la aparente forma e investigar la esencia que subyace detrás de todo aquello. Me encantaría que más personas pudieran buscar la unión de la igualdad que buscan en donde verdaderamente se pueda encontrar de forma permanente.

Me parecería maravilloso ver en el día de la mujer del año 2.100 a millares de mujeres (y hombres) en Cibeles, en paz, compartiendo su plenitud juntos, y desde esa plenitud abogando por trasladar esa unidad que sienten en su corazón a todos los resquicios del mundo de la forma en los que esta unidad/igualdad no se refleja. Sin lucha, pura expresión creativa desde la plenitud del Amor.

Rodrigo Aguirre de Carcer